No te he olvidado: prohibido ver su belleza que aún duele
No te he olvidado,
aunque me esté prohibido
contemplar tu belleza,
esa belleza que aún duele
cuando aparece ante mis ojos
y el corazón recuerda
lo que la razón intenta callar.
No me he olvidado
de haber llorado por ti.
Y ya no quiero sentir vergüenza
por aquellas lágrimas
que fueron mi desahogo.
Lloré porque te quise,
porque una amistad que apreciaba
se convirtió en una ilusión,
y aquella ilusión fue creciendo
hasta convertirse en un amor
tierno, sincero y verdadero.
No hubo vergüenza en quererte,
ni en imaginar por un instante
que nuestros caminos
podían encontrarse
de otra manera.
Pero llegó la distancia,
llegó el silencio
y llegó la fractura
de aquella amistad
que yo quería conservar.
Y aquí estoy,
aprendiendo a vivir
con todo lo que sentí,
sin culparte,
sin odiarte,
sin convertir mis lágrimas
en una deuda contra ti.
No te he olvidado...
Pero tampoco quiero perseguir
lo que ya no puede ser.
Por eso, cuando te veo,
a veces aparto la mirada;
no por desprecio,
no por indiferencia,
sino porque todavía existen recuerdos
que mi corazón no sabe mirar
sin volver a sentirlos.
Quizás algún día
pueda contemplar tu belleza
sin que me duela,
sin que vuelva aquella ilusión,
sin que mis ojos recuerden
las lágrimas de aquella noche.
Hasta entonces,
me queda la poesía.
Porque no me avergüenzo
de haber llorado por ti.
Me avergonzaría
haber convertido el amor
en odio.
Y aunque la distancia
haya fracturado aquella amistad,
yo prefiero recordarte
con respeto.
No te he olvidado...
pero estoy aprendiendo
a dejarte en el lugar
donde ya no puedas herirme:
en mis versos.
Autor : Arturo De La Hoz Palencia, El bohemio puro. Septiembre 15 de 2026.