Se necesita valor
para mirarse al espejo,
pero se necesita coraje
para descender
a lo más profundo
de nuestros abismos.
Ahí, donde las tormentas
llegan una tras otra,
donde no hay luz,
solo sombras;
donde los temblores
cimbran hasta el alma.
Y cuando llegas al fondo
y no encuentras cómo subir,
a veces te encuentras
con la desesperanza
y la desolación.
Ves luz,
pero solo es la llama
del fuego que quema,
que consume.
Sientes que ya no eres tú,
que ya no queda nada de ti,
solo un cúmulo de polvo.
Son tus cenizas…
Pero aún el corazón late,
aún respiras.
Ahora la luz viene de tus alas.