Alek Hine

LA SONRISA PRIMIGENIA

LA SONRISA PRIMIGENIA

 

 
En la inmensidad de la nada,
donde el espacio y el tiempo
aún no eran ruidos,
Dios habitaba su propia
y única presencia.
 
No concebía el espejo
ni la mirada ajena;
no existía un “tú” en los pliegues
de su mente perpetua.
 
Sintiendo la necesidad
de inaugurar el gozo en el vacío,
fijó la voluntad en su propio ser
y se ordenó a sí mismo:
 
—¡Sonría yo!
 
Y la primera luz del cosmos
brotó de sus labios.
 
 
 
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lunes, 31 de agosto de 2026