Cuando ya no esté yo más por aquí
y mi rostro sea imagen difusa;
ya sin mentiras para no sufrir,
seré, tan solo, una historia inconclusa,
y la rima de un poema o canción
te alcanzará con un recuerdo mío
que no recibirás con emoción,
sino con tu habitual ánimo frío.
Pensarás en mí, en lo que puedo ser,
ya no sólo en lo que fui para ti;
no en la muñeca, sino en la mujer,
pero tú estarás muy lejos de mí.
Sabiendo que el tiempo no ha de volver,
la cruel nostalgia te hará compañía
al recordar mi forma de querer,
no por ser mejor, sino porque es mía.
Entonces, no desearás besarme,
querrás saber si te amo todavía,
y, sólo tal vez, habrás de extrañarme,
volviendo a leer lo que te escribía.