Cruel y generoso amante,
para mí, tú has sido sal,
acentuando el bien y el mal;
espina, rosa fragante;
sordo latido distante…
Has sido castigo ameno,
miel y embriagador veneno:
ponzoña por la que muero
y, sin embargo, requiero
por sentir que vivo pleno.
Así es como arde en mi vida
la llama de amor frustado
que el olvido no ha apagado
y abrasa, dejando herida
mi alma, de dolor transida.
Si bien rehuyo tu presencia,
luego deploro tu ausencia,
pues quererte es sufrimiento,
pero dejarte, tormento
para mi oscura existencia.
Verdugo, noble y bandido,
te quiero, mas te aborrezco
y así, tu falta padezco.
Lamento el tiempo perdido,
añorando lo vivido:
íntimo, tierno, emotivo,
vehemente, acre, furtivo.
Y, aunque la historia fenece,
la memoria prevalece
y presa en este amor vivo.