Cinco años sin oír tu risa clara,
cinco años en que el tiempo no te borra;
el dolor con los días se transforma,
pero este amor jamás, jamás me falta.
Miro al cielo buscando la mirada
del hombre que a escribir me enseñaba,
que me enseñó el respeto y la palabra,
y a ser la mujer firme que hoy te abraza.
Ya no estás en la mesa ni en la puerta,
pero habitas el fondo de mi historia;
papito mío, tu huella sigue abierta,
vives presente en toda mi memoria.
Cinco años en los brazos del Creador,
cinco años guiando mi existencia;
gracias, Padre, por darme tu amor,
que florece aun en medio de tu ausencia.