El furioso aliento del huracán
llegó sin avisar, con su voz hueca,
la fuerza de su furia que no peca
que viene a recordarnos un plan.
El viento que no tiene un afán
azota con la fuerza que no ciega,
y de todo su poder que lo sosiega
una presencia que los aires dan.
Los árboles danzan en la tempestad
las hojas en su vuelo dicen adiós,
el grito que se pierde en el instante.
El alma que en el ser tiene su edad
y en el aire se siente la voz,
en el cielo sin voz, un velo errante.
UnVueloHerrante
©Violeta