No dolió.
Supe entonces:
el umbral.
Una penumbra
me hendió.
Aún portaba
un postigo en el pecho.
Era núbil.
Los párpados
también caducan.
Seguí.
Ingerí la sombra:
un óbolo.
Quedó indemne
la exhalación.
Después,
la muerte.
Daniel Omar Cignacco © 2026
https://danielomarcignacco.blogspot.com
https://tiendaebook.com.ar/producto/el-colombofilo-de-flores-y-la-cifra-infinita/
En este link puedes comprar mi novela al precio de un cafecito.