Tus muros nunca fueron tan herméticos, mi amado.
Dejaban pasar rayos
apenas un instante,
que yo atrapé
con el corazón abierto.
Un paso hacia mí — el mismo paso, hacia atrás —
en aquel día, en el aquel andén.
El cuerpo traicionando a los Invisibles,
estas emociones que anhelan
y al mismo tiempo temen
salir a la luz.
A veces la libertad
es lo que más cuesta
al abrir la puerta
a lo desconocido,
a nuestro sentir
—a nosotros mismos—
Cuando lo único que hemos aprendido
—por haber sido castigados—
resulta ser el peligro
de vivir a cielo abierto