No consientas que nadie trepe
por la escalera íntima de tu sombra.
Sacude la alfombrilla de tu puerta
como quien aparta el polvo de la noche,
y no dejes entrar la ignorancia oscura,
ni la ira que siembra daño
bajo el nombre de justicia.
No otorgues derecho alguno
a quien mide tu alma con balanzas ajenas,
ni a quien pretende dictar
las condiciones de tu latido.
Desconfía de las palabras dulces
pueden ocultar, bajo su miel,
el abrojo lento
que busca tu sangre desprevenida.
No cedas al chantaje,
ni al susurro que disfraza la herida,
ni a ninguna de sus formas,
por sinceras que parezcan.
Ponte la máscara de la indiferencia
y no dejes entrar a la contaminación
del encono y de la ira.