Quieto.
El reloj no camina como los árboles.
Ellos extienden sus raíces día a día
hasta encontrar las fuentes de agua,
y tú te apresuras a la par de las agujas,
digitales, solares o lunares.
Yo broto, normalmente, entre ríos de dulce paz,
entendiendo la experiencia
y saludando a lo que queda atrás.
Qué distinta es la vileza
cuando miras sin juzgar.
Sin la expresión idónea,
quizás puedas captar que tu tiempo y el mío
son tan distintos, pero iguales.
Mientras comes y te ríes,
yo de hambre lloro para hacértelo entender.
Las palabras no son tiempo,
pero roban segundos en cada interpretación.
Cada acción aporta al conocimiento
y motiva en el futuro el beneficio del propósito.
Tú con tiempo pierdes la salud,
yo con tiempo gano la quietud.
En tanto silencio complejo,
hay una parte entendida
que tú perderás.