Que puedo decir
de esas personas,
además de que nunca
se rindieron,
muy pocas veces
los vi llorar,
pero si jamás detenerse,
de la vida
mucho aprendieron
y a su modo la pelearon,
en el camino
ausencias cultivaron,
también uno que otro
desencanto,
con sus penas, miedos,
sus alegrías y tristezas,
que ser humano
no los tiene.
Así cada uno
con su alma luchadora,
en esta vida
se encontraron
y en una sola vida
se juntaron,
para pelearle
juntos al destino,
dos seres
que llevando cicatrices,
sin tener nada
lo dieron todo.
No, no eran perfectos,
nadie nunca lo será,
pero odio en ellos
nunca sentí,
dos almas
que el cielo se ganaron,
y que de seguro
ahí están sonriendo.
Tantas cosas
podría escribir,
cuántas historias
por contar,
pero hoy
solo quiero decir,
que es un privilegio
llevar esa sangre
y un honor,
que fueran mis padres.