Me mataste la ilusión de quererte
Me mataste la ilusión de quererte,
sin disparos, sin gritos, sin despedida;
bastó tu indiferencia
para dejarme el alma
como una botella vacía
abandonada sobre la mesa de un bar.
Yo te quería de una manera triste,
de esas que no hacen ruido,
de esas que se esconden en los ojos
y esperan una señal
para atreverse a vivir.
Te fui queriendo despacio,
como quien enciende un cigarrillo
a las tres de la madrugada
para conversar con su propia soledad.
Y mientras yo te soñaba,
tú quizá caminabas tranquila
sin saber que en mi pecho
se estaba muriendo una esperanza
con tu nombre.
Me mataste la ilusión de quererte,
porque yo no quería solamente tu cuerpo,
quería tu risa,
tus silencios,
tus días buenos,
tus días malos,
esa parte de ti
que yo imaginaba poder cuidar.
Pero el amor tiene sus propias crueldades:
uno puede entregar el corazón entero
y recibir a cambio
solamente una distancia.
Y qué triste es aceptar
que quizá nunca fui ese hombre
que esperabas encontrar.
Lloré, sí...
¿y qué vergüenza hay en eso?
También lloran los hombres
cuando una ilusión se les muere entre las manos.
Lloré por ti
porque había puesto demasiada esperanza
donde quizá solamente había amistad,
porque confundí algunas miradas
con promesas que nunca fueron dichas,
porque mi corazón, terco y bohemio,
se enamoró de una posibilidad.
Hoy no vengo a culparte.
No quiero juzgar tus caminos
ni preguntar quién ocupa tus noches.
Tu vida es tuya,
y aunque todavía me duela,
la respeto.
Lo que sí me duele
es tener que recoger los pedazos
de aquel hombre que fui
cuando todavía creía
que algún día podrías quererme.
Me mataste la ilusión de quererte,
pero qué ironía...
todavía te quiero.
Y tal vez ese sea
mi castigo más hermoso y más cruel:
tener que aprender a soltarte
mientras una parte de mí
todavía pronuncia tu nombre
cuando nadie me escucha.
Algún día, quizá,
podré pasar frente a ti
sin que el corazón se me quiebre,
sin que la memoria me traicione,
sin preguntarme qué habría sido
si la historia hubiera sido distinta.
Pero esta noche no.
Esta noche todavía te recuerdo,
con una copa imaginaria entre los dedos
y una tristeza vieja en la mirada.
Esta noche todavía te quiero.
Y aunque me mataste la ilusión de quererte,
no pudiste matar al poeta
que nació de esta herida.
Porque si no pude tenerte,
al menos tendré mis versos.
Y en ellos,
aunque sea por última vez,
podré quererte
sin que tengas que saberlo.
Autor :Arturo De La Hoz Palencia
El bohemio puro, septiembre 12 de 2026.