Henry Alejandro Morales

¡ROSA!

¡La tarde que una hermosa mujer definiò su amor propio!

 

 

1 de Diciembre de 1955,

Esa tarde Rosa una mujer de 42 años, venìa cansada de trabajar

viajando en un transporte colectivo,

Para esa epoca ese tipo de transporte estaba señalizado con una linea,

los blancos adelante y los negros detràs,

asì la gente negra subìa por la puerta delantera, pagaba al conductor,

y seguidamente se tenìa que bajar y subir de nuevo por la puerta trasera;

 

Rosa se sentò en un asiento del medio, que podìan usar los negros

si ningùn blanco lo requerìa, cuando se llenò el autobùs,

el conductor le ordenò a Rosa que cediera su lugar a un joven blanco

que acababa de subir, el conductor tratò de obligarla,

le dijo que tenìa que ceder su asiento como estaba escrito en la ley,

y seguidamente le preguntò: ¿se va a mover o no?

a lo que Rosa respondiò \"No, no lo voy a hacer\" bueno si usted

no se levanta voy a tener que llamar a un policìa

y hacer que la arresten, le dijo el conductor, puede hacer eso respondiò ella,

cuando el policìa le pregunto: ¿porque no se levanta?

ella respondiò con otra pregunta:

¿porque todos ustedes estan empujàndonos por todos lados?

A lo que el policìa respondiò: \"No lo se, pero la ley es la ley

y usted queda arrestada.\"

 

 

Poema:

 

No fue la simple fatiga de una jornada pesada,

fue el peso de la historia que se detuvo en seco

cuando tus labios dijeron no, ya basta,

aquella tarde gris de Diciembre el motor de aquel autobùs

rugìa como una bestia antigua,

que exigìa como siempre tu espacio, tu sombra, tu sumisiòn,

pero tu Rosa, ya no cabias en el molde del miedo,

tu anatomìa se volviò de marmol y tu dignidad ocupo todo el pasillo;

 

Miro tus manos firmes sobre el bolso, tu mirada limpia detras de los cristales

y veo a esa hermosa mujer, 

que no necesitò gritar ni levantar un puño para definir su amor propio,

te bastò habitar tu propio cuerpo con la certeza de un templo,

 le enseñaste al mundo que la belleza mas alta de una mujer,

no es la que se rinde para complacer la mirada ajena,

sino la que se levanta soberana en mitad de la tormenta;

 

Bendito el milagro de tu resistencia silenciosa,

esa tarde no cambiaste de asiento, cambiaste el curso de los hombres

porque el amor propio en tu piel negra y mansa

dejò de ser un concepto de los libros, 

para convertirse en el fuego sagrado,

con que todas la mujeres, desde entonces 

incendian sus propias cadenas.

 

\"Esa noche Rosa no tuvo miedo, queria que se respetara su dignidad

cuando la bajaron a empujones del autobùs,

supo que nunca mas la humillarìan por ser mujer, por ser negra\"

 

Autor:

Henry Alejandro Morales

15 de Septiembre de 2026