Fergus

Sueño

¿Dónde están tus sueños?

Porque los míos iniciaron desde que una noche, mucho antes de conocerte, te imaginé. Por supuesto que no sabía cómo sería tu cara o de qué color serían tus mejillas, pero sí sabía de qué tamaño sería tu corazón y cómo iba a bombear el mío cuando me topara con la dicha de conocerte. Noche tras noche se hilaba la historia, esa historia de amor que no podía salir de mí; en ese momento no entendía que estaba a punto de ocurrir el desastre más magnético y maravilloso que nunca antes sentí. Te sentí cerca, te sentí cerca toda mi vida y te esperaba inconscientemente; esperaba con ansias nuestro encuentro o quizá nuestro reencuentro, y me pasaba todo el día imaginando y creando escenarios de cómo sería ese preciso momento en donde nuestros ojos sobrepasaran nuestros cuerpos y pudiéramos ver nuestras almas.

Hubo días de cansancio, enojo, desesperación y agotamiento, y llegué a pensar que nunca llegarías. Siempre me he considerado una persona con muy poca paciencia: quiero todo al momento, no sé esperar. Contigo aprendí. Esperé 22 años de mi vida por ti y estuve con las manos vacías, con un corazón solitario, lleno de enojo, de desesperación, y nunca entendí por qué hasta ahora: solo necesitaba tu tacto, necesitaba tu amor, necesitaba nuestro amor. Y el día que menos lo esperaba, llegaste… Y puedo decir que ocupé toda mi imaginación para ti porque, tal como lo imaginé, sucedió. Desde entonces siento una dicha en el cuerpo que nadie puede arrebatarme; cuando te veo, siento cómo mi alma cambia de color, cómo mi corazón se vuelve más grande y cómo todos los miembros de mi cuerpo se ponen nerviosos al admirar mi sueño: tú.

Cuando te veo, veo toda esa espera convertida en esperanza; cuando te veo, sé que valieron la pena todas aquellas noches amargas esperando a mi amada.

Pero dime, amor, ¿con qué voy a soñar ahora, cuando mi sueño se hizo realidad?