UNA FLOR EN SILLA DE RUEDAS[1]
Hoy este poema escribo,
Uno de los más penosos:
Voz que rompe su silencio.
1- No el destino ni el azar,
Fue la `pérfida maldita´
Que con manejo mental
Postró aquella mujercita,
Que de ventana cayó,
En la `silla de tres ruedas´
Y su cuerpo destrozó,
Quedando cero a la izquierda.
2-Aquella noche serena,
Que estrenaba oscuridad,
Con el toque de sirena
Alteró toda ciudad.
Se escucha esa triste noche
El eco de un accidente
Que cesó el ruido de coches
Y el murmullo de la gente.
3- Por la comunidad corre
Noticia que nunca falla:
Mujer que accidente sufre
Como la pólvora estalla.
En el silencio del tiempo
La memoria fácil cesa
Y ese dicho contratiempo
Pronto del olvido es presa.
4-No te conozco ni quien
Eres, ni tu cara centro,
Ni tu cuerpo tan joven
En mi percepción encuentro.
No conozco tus secretos,
Ni relación entablar,
Pero siempre hubo respet0
Aunque no te pude hablar.
5- Cerca estoy de lo ocurrido,
Mas tu desgracia me pesa
Con mucho gran dolorido
Como losa de sorpresa.
Del dolor sé su rigor,
Por la espalda de mi esposa
Afectada con terror
Que no le mantiene ociosa.
6- El accidente te ha puesto
En la`silla de tres ruedas´,
Pues mucho te lo han dispuesto
Y lo lleves como puedas
Para pronto así sanar,
Si asumes como fatal,
Y tu vida has de ordenar
En lo físico y mental.
7- No puedo sufrir tu pena
Del abismo verte al borde,
Que tienes dicha condena,
Muy difícil que se aborde.
El llanto afea tu rostro
Que marca grandes arrugas
En el lindo y bello lustro
Que desaparece en fuga.
8- Hay algo oculto en las cosas:
Lo que hoy parece un infierno´,
Mañana puede ser rosa
De cielo azulado tierno.
No llores tu desventura
Porque nunca conocemos
Para la vida futura
Lo que entonces bien queremos.
9- Lucha con tu cuerpo y mente,
No te culpes de lo habido
Si el ánimo está paciente,
Pues el azar lo ha querido.
Si la fe te lo permite
Dirige tu ruego al cielo,
Si respuesta no trasmite,
Al menos será un consuelo.
10- Al fin cesará el dolor
Y tu alegría cual flor
Hermosa ya sin temblor
Lucirá con gran color.
Nunca dudarás ya si irte
O ser feliz y quedarte.
Mi apoyo moral seguirte
Puede, y ya siempre animarte.
Alejandro Tejero Escribano.
Gijón, 10-9-2026.
[1] Este poema va dedicado a una joven de la que sólo conozco de vista. No sé su nombre, ni nada personal. Yo andaba cerca cuando ocurrió el accidente:
Fue una caída de un piso que termino en silla de ruedas. Nunca hablé con ella.