Si todo ocurre por y para algo,
si todo roza, afecta o responde a otra cosa,
si ninguna estrella se sostiene por sí sola;
si todo es movimiento
y nada acontece sin un presente que lo habite;
si la realidad despliega
campos, espacios, perspectivas y conclusiones,
más allá de lo divino, de la fe,
de cualquier religión o escepticismo,
algo evidente está sucediendo:
sin nombre, sin dogma,
sin necesidad de demostración.
Lo imposible no es que exista;
lo imposible es demostrar
el orden secreto,el motor silencioso,
la fuerza necesaria
que sostiene la interacción universal.
Y así, como microchips de repetición,
como si todo formara parte de un juego
imposible de comprender;
el día perpetuo de la marmota,
la pescadilla que se muerde la cola...
Así es, y pienso que así será:
imposible de descifrar
al impulsor, al motor silencioso de la interacción universal...
generación tras generación.