Cáñamo dromedario, pasmoso tino, que viaja
mientras sus chamuscados presagios hacen primaveras,
pues bajo la intuición la fuerza es arena crujiente,
felicidad más profunda en la hebra ardiente del mundo.
Dentro de las penumbras ajusticiadas, cielos yertos;
se entrena para una larga jornada de lucha libre,
los pálpitos carnosos son espejismos en las venas
y bajo la piel, en cada itinerario, se revela.
En la llama de un oasis se pierde un extraño sol;
por la espesura danza el ombligo fragmentado,
y entre un revoltijo de dolor, un camello sin horario.
De los cactus complacientes surgen arañas envejecidas
que dibujan los desiertos, vestidas de lunas blancas,
para ir de fiesta o de duelo, a arañar la vida.
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2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo
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