Hoy desperté sintiendo un gran amor por ti.
Sintiendo que aquella noche
me trataste con amor,
abrazaste mi temor,
acompañaste mi dolor,
suplicaste mi perdón.
Hoy desperté contigo a mi lado.
Sintiendo que aquella noche
me tomaste entre tus brazos,
me hiciste tuya completa,
no por pedazos;
me libraste del desvelo,
me libraste de este duelo.
Este duelo de saberte diferente
a quien pensé que eras.
Este duelo de no poder verte
como siempre,
como quisiera.
Hoy desperté soñando
que te arrepentiste,
al instante,
de todas aquellas cosas
que me hiciste sentir
fuera de ti
y, a la vez,
tan tú.
Pero desperté.
Desperté con la duda
de no saber quién eres,
de no saber qué quieres de mí,
de no saber si lo que me duele
también te duele a ti,
de no saber si verdaderamente
deseas mi perdón
o solo finges.
Finges,
como siempre.
Como nunca supe que lo hacías.
Como ahora entiendo
que siempre lo haces.
Lo que me hiciste me dolió,
pero me dolió más
lo que no hiciste.
Me dolió saber que sabías
que me habías roto por dentro
y, aun así,
no fuiste tú quien inició esta conversación.
Me dolió saber que sabías
que para mí es difícil perdonar
y, aun así,
decidiste hacerme algo imperdonable.
No te culpo solo a ti.
Me culpo a mí
por pensar que serías diferente.
Me culpo a mí
por creer que me amabas de verdad.
Me culpo a mí
por elegir quedarme contigo
solo porque te amo.
Me culpo a mí
por no saber dejarte ir
ahora que dolerá menos
que después.
Me daña el recuerdo de lo que fuiste.
O debería decir:
me daña el recuerdo
de lo que pensé que eras.
Me daña no saber si eres o no.
Me daña no saber si lo piensas o no.
Me daña no saber si lo sabes o no.
Me daña no saber si me amas o no.
Me pides,
casi exigiéndome,
que no me sienta así.
No entiendes que no es solo
lo que hiciste,
sino también lo que no hiciste.
No entiendes que no es solo
lo que recuerdas,
sino también lo que no recuerdas.
No entiendes que no es solo
lo que yo viví,
sino también lo que tú no viviste.
Y me duele
que no lo entiendas.
Probablemente nunca lo entiendas,
porque sabes que yo
no te haría lo mismo.
Probablemente nunca lo sepas,
porque yo no caería tan bajo.
Probablemente nunca lo sientas,
porque contigo
se anula mi capacidad de vengarme.
Probablemente nunca lo comprendas,
porque solo comprende
quien siente.
Y me pregunto:
¿Qué puede quedar de mí, ahora?
Si no eres como pensé que eras.
Si no me das lo que prácticamente te exijo.
Si no me escuchas aunque grite.
Si no te remuerdes aunque llore.
¿Qué puede quedar de nosotros
si tengo que enseñarte
cómo reparar lo que tú rompiste?
Es tarde para disculpas.
Porque para mí
fue una disculpa que nunca llegó.
Lo que llega tarde,
muchas veces,
nunca llega.
Lo que llega tarde,
muchas veces,
lastima más
que lo que nunca llega.
Lo que llega tarde,
muchas veces,
llega por presión
y no por arrepentimiento.
Llegó tarde
para no desdibujarte ante mí.
Llegó tarde
para intentar salvar
la imagen que tenía de ti.
Llegó tarde
para nuestro amor.