Cómo hablaros
de Andrea sin llenarme
de lágrimas los párpados.
No quiero que se lea
que es resentimiento
lo que me llena, no,
es solo el frío que me hiela
después de este repentino
jarro, y eso que se me
llena la boca de adjetivos,
me ahogo, la respiración
me cuesta, decían todos
que se veía venir pero el tonto
es el último en enterarse,
y, aunque ya enterado,
los adjetivos no dejan de llenarme
la boca, tanto que los tengo
que escupir para no morir
de asfixia, y así en un eterno
retorno incansable, yo, Sísifo
enamorado; y es que me dejó
ayer, solo, en una estación
antigua, que huele que se mata
a siglo diecinueve, bajo
una lluvia que caló el forro
del alma, la ropa disuelta,
naufragada en un hospicio
al que me acerqué por caridad
conmigo mismo, y yo, mi boca
y mis adjetivos sin diana,
sin compañera, sin frase que llenar,
sin nada.