Pero a veces, en medio del desorden de la tarde y de las mil cosas que andamos cargando por dentro, basta con que me hables bajito, cerquita de la oreja, para que todo el ruido de afuera se apague y me acuerde de lo bonito que es coincidir contigo.
Se nos desarman las prisas en la cocina, entre risas tontas y un café que se nos olvida tomar; y de pronto me doy cuenta de que no necesito nada más, que mi lugar favorito en el mundo entero es cualquier rincón donde tus manos toquen las mías.
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Rafael Blanco López
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