apareciste de pronto
—una tarde de otoño—
dentro de un poema…
y sin embargo,
sé que habitas desde siempre
en mi voz.
eres para mí
la verdad de lo que siento
y, al mismo tiempo,
todo lo que imagino
para sujetarme a ti
aquí, en nuestro mundo,
rodeados de palabras,
donde nadie puede vernos, amor…
te convertiste
en la memoria de cada beso
—casi sin darme cuenta—
pero duele cada día más
no poder beber la miel
que esconden tus labios.
me muero por descubrir
la textura de tu boca
—aunque sea por una vez—
y quizás,
desde ese momento,
quieras quedarte junto a mí
en la verdad de lo que somos.
y si no es así, amor,
yo te prometo
regresar a nuestro mundo
y olvidar desde aquí
todo lo demás.