Me sorprende, a veces, descubrir que mi interior
se ha vuelto un espejo que refleja tu amargura.
Creo que sería de un encanto superior
compartir de una amistad el cariño y ternura.
Ser yo la caja de resonancia de tu risa,
para amplificar esa infrecuente melodía
que me reconforta como una agradable brisa
y vibrar los dos en absoluta sintonía.
Deseo permanecer contigo en armonía
sin molestarnos en cambiar lo que no se puede.
Disfrutar, sin prisa, nuestra mutua compañía
ignorando aquello que a nuestra quietud ofende
y que nuestro silencio no implique lejanía,
sino tierna amistad que sin palabras se entiende.