Kermy_j

Galletas de animalitos

El día que me faltes, ese día me iré contigo.

 

Me iré como cuando te veía venir un domingo en la mañana y bajabas del colectivo. Recuerdo que, en una ocasión, venías caminando con ese vaivén tuyo típico, que tal vez era por ese cansancio que viene con la edad. Caminabas tan curioso como un pingüino, o eso me parecía a mí.

 

Ahí, a lo lejos, te reconocí. Tenías un chal y tu traje típico yucateco, una bolsa de despensa en la cabeza y, en la otra mano, traías algo. Estabas muy lejos como para distinguir qué era, y fui corriendo, apresurado, porque vi que cargabas algo pesado.

 

Cuando estuve lo suficientemente cerca, vi que en tu mano venías arrastrando un caballo de madera, con ruedas negras de hule, y sonreías.

 

Sonreías por ver mi cara de felicidad. Sabías hacerme feliz.

 

Al llegar a la casa, me preparabas una taza de café y me dabas unas galletas de animalitos, pero las grandes. Sabías que me encantaban, como hasta la fecha. Yo comía rápido para poder salir a jugar: una mordida y se iba medio elefante; la segunda mordida y el caballo relinchaba.

 

El día que me faltes, ese día iré corriendo detrás de ti, porque no quiero quedarme solo con el caballo de madera despintado y sin llantas, que ya no relincha.