No trates de sacar de mi voz una explicación de mis actos
ya que ni yo me entiendo me encuentro penando,
estoy en un océano hundiéndome de a poco
con un desespero por querer tocar fondo.
No busques la clave, no pidas la norma,
ni intentes armar lo que nace roto.
Es un fuego ciego que por dentro quema,
un naufragio diario en mi propio océano.
A veces ese yo se asoma a la ventana de mis ojos
y contempla el mundo con una extrañeza helada,
como un testigo mudo que todo lo juzga
sin necesidad de pronunciar una sola palabra.
Tiene raíces de humo y un peso de piedra,
se alimenta del silencio que dejo al hablar,
camina sobre el filo de mis propios bordes
y me deshace el pecho sin avisar.