Pensé que nuestra historia,
torpe, extraña y fugaz,
acababa en el confín europeo,
frente a la costas de Ogigia,
como Ulises habría de volver
tras vivir un amor sin memoria.
Pensé que nada sería posible,
me hablaste de otros amores,
pero a la luz de la farola,
esa que ilumina Málaga,
habrías de volver a mi vida
para borrar, tú, mis dolores.
¿Recuerdas, mi vida, Portugal?
¿Recuerdas los besos bajo las estrellas?
¿Recuerdas, mi amor, el mar?
No pensaba, y aun me cuesta creer,
que a las puertas de Grazalema,
donde los pueblos se hacen blancos,
me dirías que me amas, sin temer,
sin dudar, sin reservas, solo amar,
y cerrarías cada cicatriz, cada herida,
que en diez años tuve en mi alma.
Gitana de mis amores, de Santiago,
la de los cabellos de olas de azabache,
que me devuelves a mi ser, sin saber,
que antes de ti estaba muerto en vida
y después de ti, si pasase, no lo quiero saber.