Te busco en el verso ciego,
en la noche que tropieza,
donde la herida comienza
y el orgullo se hace fuego.
A vencer la duda llego,
tan humano y tan rendido,
que en la sombra en que me pierdo
solo tu abrazo recuerdo
para sanar el latido
de este amor tan malherido.
Sufrir la distancia cuesta,
equivocar la mirada,
dejar la voz silenciada
sin hallar una respuesta.
Mas la pasión se demuestra
en la tormenta más dura;
si tropieza la cordura,
mi piel busca tu guarida,
pues no hay sombra en esta vida
que apague nuestra locura.
Con esta pluma en la mano,
que entre las sombras ardía,
te firmo mi valentía,
mi pecho humilde y humano.
Si el camino fue tirano
y el dolor rozó la cara,
ningún viento me separa
del fuego de tu regazo;
nos une el mismo lazo,
que ni la suerte secara.