Cuando hablo de él siempre digo que es un buen hombre, talentoso y muy cariñoso conmigo; siempre digo que lo amo y que me ama con la misma intensidad que yo a él. Pero él es más.
Es tanto que no cabe mencionarlo en unas cuantas palabras, ni siquiera en un texto más largo como este. Él es todo: es alegría, es paz, es ruido, pero también silencio y calma. Él es amor y dulzura para mi corazón; tranquilidad y serenidad para mi mente; compañía y calor para mi cuerpo; intensidad y goce para mi alma.
Soy feliz, y con él mi felicidad se expande por todo lo que soy: por mis recuerdos, mis pensamientos y mis anhelos.