Y solo al llegar la noche me besas,
como si la clara oscuridad opacara tu vergüenza,
como si la falta de luz pudiera absolver tu pecado,
como si aquello que no vemos
dejara de existir.
Y temo que tus labios no me besen,
que no me besen a mí o mi nombre;
que al cerrar los ojos sobre mi boca
encuentres otros labios en los míos,
que la libertad de la noche te permita usarme
como se usa aquello que nadie reclama.
No temo que uses mis labios,
ni que tu deseo encuentre refugio en ellos;
temo que solo uses mis labios,
pero nunca mis palabras.
Temo que no sea mi nombre el que suspires,
que no sean mis labios los que realmente beses,
que cuando llegue el alba
vuelva a ser para ti solo un amigo.
Pues no temo ser usado por ti;
temo que me uses
sin querer usarme a mí.