Anhelos de kohl negro en la mirada,
la noche Wodaabe fractura el maquillaje,
dejas la sombra fría del Kobgal dormido
y te deslizas, pantera de miel, hacia el desierto.
En el espejo del Gerewol la carne tiembla,
plumas blancas, dientes de nácar,
un labio que gira como una hélice de fuego
mientras la arena devora la culpa y la costumbre.
Buscas el Teegal, la mordida elegida,
la lengua de relámpago que no pidió permiso al clan,
dos cuerpos de arcilla roja y sudor dulce
se trenzan bajo el ojo ebrio del sol nocturno.
Robas al amante con una sola pestaña,
un rapto de seda, sed y desobediencia,
pues tu vientre es la única tribu que reconozco,
tu risa, el único imperio donde me arrodillo.
Cae el ropaje azul, se disuelve el horizonte,
y el desierto late atrapado entre tus muslos,
lamiendo el rastro de sal, la boca febril,
mientras me hundo en tu duna más líquida y profunda.