Esa inefable locura
me ha nublado la razón
sometiendo al corazón
a la más lenta tortura.
Es la dulce y fiel condena
de pensarte a cada hora,
cual la luz que me devora
y de dicha me encadena.
Ni un solo instante del día
puedo dejar de pensarte.
Mi dicha solo es amarte,
rendido a tu fantasía.
No hay pensamiento que frene
esta corriente encendida,
que la razón de mi vida
solo en tu amor se sostiene.
Y si me rindo a la suerte
de este querer desmedido,
bendigo el haber nacido
solo si es para quererte.
Classman