Un toque a la puerta interrumpió la penumbra, distorsionando el tiempo con la violencia de lo inesperado: uno de esos instantes que no transcurren, sino que quiebran.
Eran mi letras, los versos y los poemas que un día nacieron para ti. Nunca cruzaron tu umbral; jamás hallaron el puerto de tus manos.
Versos tallados con la devoción de quien ama en silencio, estrofas donde ardían los gritos que desparramé a los cuatro vientos confesando mi nostalgia y esta urgencia insoportable de tu abrazo.
Me dijeron que nadie salió a su encuentro. Aguardaron en el umbral, firmes, hasta que el frío y el silencio les confirmaron la verdad: tu ausencia ya era definitiva.
Hoy me quedo a solas con las ruinas, escuchando el eco de unos versos que te pertenecían, devueltos como fantasmas a la casa vacía de donde salieron.