Unsimpleser

Me llamo, y no soy

¿No fueron tus entrañas las que me dijeron?, esas las cuales por el prado arrastran tus congojas, ¿no fueron tus sueños los que me maldijeron?, aquellos que por la orquídea se caen y no vuelven.

Esa flor, ese sentimiento tan claro como el agua, que desgarra tus carnes por dentro, destuerce tus ánimos y empieza a resquebrajar tus huesos. Pero, tu me dijiste que podías, que por el sendero de la vida caminabas, si tan solo hubiera sabido que mi consejo ignorabas, que soñabas con valles donde la luz no se aposentaba.

¿No fue eso mismo lo que te abandono sin temor?, ¿o fue aquel día sin miedo o terror en el cual con brío enfrentaste a la soledad? Empero, te dejaste llevar por tu yo interior, esas voces que te carcomían y señoreaban te hirieron por dentro, primero fue el corazón, después la mente, y por último tu vida.

Ahora, vienes a gatas, arrastras como el hijo prodigo, que con esperanza miro a su padre y este en alegría le respondió, ¿pero que hare contigo malcriado?, que por lugares inhóspitos vas buscando un qué y un cómo, un cuándo y un deseo donde no hay. Pues, tu confundes muchas cosas, como el amor con la amistad, la alegría con maldad o la bondad con desgracia, ¿Qué pues hare contigo, hipócrita?, solo no dirigirte la palabra, ni una bocanada de aire.

Pues tú, viejo testarudo, sucumbiste a la tentación, una de amor profundo, una de afán y desdicha sin igual. Y, ahora vuelves a mí, cuando todo está perdido en busca de placer, un hogar donde regresar, ¿Cómo pues te diré que ya no es lo que tu deseas?, que tu búsqueda quedo confinada a tu mente?, pues hallaste la osadía, una meta imposible, y aun así la seguiste.

Eres como la orquídea, que a su paso y a su diestra destruye, marchita las esperanzas de otros, algo hermoso que termino siendo dañino, ¿cómo pues osas llamarte satisfacción si esto mismo impides?, lo supe desde que naciste, desde que tus días empezaron a pasar y las noches a brillar, que tú, engendro del mal, nunca conocerás la felicidad.

¿Sabías?, eres como un demonio, que el sufrimiento va buscando, uno que el poder ni la vanagloria lo consumen, que ni con canticos o sacrificios se invoca, solo con un beso, solo con un resoplido y un “te quiero”, ¿en boca de quien hallaras esto?, tu mismo lo sabrás, pues es tu deseo y tumba. Mejor ve tú, Gula, con tu padre Lucifer, a comer almas malditas en despecho, pues tu ya no hallaras aposento en mi seno ni nunca más podrás comer de mi pecho…