Y un día todo cierra,
ya no hay espacios para que los árboles crezcan
y la luz los nutra.
La luna se hace eterna
y los mares enloquecen.
No veo estrellas en cielo,
se torna nublado y frío.
Los faroles quedan empañados
y las luces comienzan a titilar.
Ruidos de electricidad
y pisadas de ratones.
El silbido del viento
que se escucha por cada callejón de ladrillos
y tachos de basura repletos.
No consigo dormir en el piso,
la frazada no cubre mis pies,
y el moho no me deja respirar.
¿Qué puedo hacer en esta historia?
Necesito seguir soltando y aprendiendo, dijeron.
Qué gran dificultad me presentan
en todo mi proceso.
Qué sanador
y desgarrador
afrontar lo que no controlás,
lo que te vuelve vulnerable.