Hay días en que pienso
que tienes algún truco
mal aprendido para desordenar las cosas.
Porque apareces,
dices cualquier tontería,
te haces la seria,
sueltas un “sapo”
o un “ya, basta”
como si con eso bastara,
y de pronto
el día se vuelve un poco menos día
y un poco más bonito.
Tienes una manera curiosa de existir:
como si no supieras
que cuando sonríes
se te desarma todo el personaje.
La mujer seria,
la que protesta,
la que dice que no,
la que pone esos ojos
como queriendo discutirle al mundo…
y después te ríes.
Y ahí se acabó todo.
A mí me gusta esa versión tuya,
la que aparece sin anunciarse,
la que cuenta cualquier cosa
y consigue que yo quiera escuchar
hasta los detalles que no importan.
¿Será que algunas personas
tienen algo parecido a una casa
en ciertos gestos?
No una casa con paredes,
qué aburrido.
Una de esas donde uno entra
por una conversación,
se queda un rato en una sonrisa
y termina pensando:
“chuta…
qué bonito es estar aquí”.
Y tú tienes eso.
Aunque seguramente,
si te lo digo de frente,
vas a poner esa cara tuya
y decir:
“ya, me abrumas\" o algo similar
Y justamente por eso
me haces sonreír.
Justamente por eso siempre, cuando me recuerdo de ti pienso: eres arte y el arte existe en ti.