Un verso duerme junto a la ventana
a la luz de una noche de plenilunio,
lleva en el corazón una herida humana
tejida por los hilos de un infortunio.
Son oraciones que aran una tierra lejana
y su impronta llega hasta mi puerta
greda antigua que nace de una gesta
me sorprende con un alarido de campana.
Un sortilegio emana de mi frente
colmando el aire con atrevidas frases
que se erigen en el filo de la muerte.
El verso duerme y en sus sueños siente
que sus trazos celestes se van fugaces
tras un siglo de un verbo incipiente.