Zoraida Rosado

Un Cigarrillo

Un Cigarrillo

 

Entre mis dedos temblorosos,
ardiente brasa de soledad,
el humo sube como fantasmas
de recuerdos que no volverán.

La noche calla, yo la escalo
con cada calada al corazón,
buscando en el humo un abrazo
que nunca me dio tu adiós.

Ceniza gris, polvo de tiempo,
así se deshace mi pena,
así se consume el lamento
mientras la llama me acompañe apenas.

Un cigarrillo, breve consuelo,
compañero de madrugadas,
donde quemo mis pensamientos
y espejo mis horas amargas.

Y cuando el filtro toca mis labios,
como tú tocaste los míos,
suspiro un humo que no responde
a este silencio sombrío.

Se apaga al fin, como se apagó
la luz en tu mirar;
solo quedan cenizas frías
y la tristeza de no olvidar.