Haber nacido con espina bífida
hizo que no viviera igual la infancia;
mi sueño de pequeño era andar y caminar,
y que nadie percibiera mi diferencia.
Mi infancia me dio dolor, templanza y calma,
una empatía y sensibilidad extraordinarias;
enseguida percibo si alguien tiene un mal o un buen día,
y busco la paz, el equilibrio y la armonía.
Sin embargo, no he cumplido las expectativas:
trabajo en una multinacional privada,
aunque para el puesto que tengo
no poseo una ambición desmedida.
Mi punto fuerte es el espíritu de equipo,
la lealtad, el compañerismo y la camaradería.
Y, sin embargo, soy una persona positiva,
amo la vida, y hoy vuelvo a vivir mi infancia;
he roto con mi destino y con mi profecía,
y soy feliz con las cartas que me dio la vida.
Porque quizá la vida no me dio las mejores cartas,
pero aprendí a jugarlas con valentía;
y hoy, cuando miro atrás, ya no veo una herida:
veo el camino que me trajo hasta la alegría.