Me dices que me esperabas siempre despierto,
con excusas para salvarnos.
Tus palabras me tocan profundo.
Mis caricias eran un segundo en tu día a día,
pero mi amor fluía, como agua de lluvia,
en la piel de la dama flaca, alta y morena que eres.
Dicen que quien ama con el alma se cansa,
pero mi alma, alta como un tepuy,
esconde flores que solo florecen en su tiempo.
Me toca perderme en el día,
cuando mi aroma a orquídea se mezcla
con el olor a café de la mañana.
Ahora que dices que quieres marcharte,
yo, que ya aprendí a volar,
te invito a mi cascada más hermosa.
Olvidar lo que dolía, ayer no es hoy.
Aprender a volar es, tal vez,
reconocer que el gran salto del alma
es la cascada más hermosa de la vida.
No nos arrepintamos de amar.
El amor llega cuando quiere,
pero el vuelo y la cascada siempre están ahí.
Segado por el afán de amarte,
martillo tu corazón entre tepuyes; la razón es tenerte anclada a mi alma serena.
RIVAS JOSE
Barinas Venezuela
12-09-2026.