No debió morir usted, camarada.
Pero mi pecho rojo aún le clama
con el calor que el aprecio inflama
al recordar al Chile de su mirada.
Fue su voz el guardián de una morada,
el defensor de un pueblo que lo ama
y su Chile sabe y por eso reclama
este día que inició la cruzada.
Las palabras sabias unen las manos
y usted guio en un sólo camino
a las gentes como si fuesen uno.
Sus sacrificios no estarán lejanos:
pues la lucha social es el destino.
Luchador como usted no habrá ninguno.
(11 de septiembre, 2026)