Oda a quien nunca besé
Oda a quien nunca vi,
ricitos de otoño.
Oda a ti, tierra de amor,
entre fuego casi fugaz.
Oda a quien conocí aun muerto.
¿Qué haré yo si mi sol ha dejado de alumbrar mis miedos?
¿Qué haré si mi alma está vacía?
¿Qué haré con la última gota de agua
y con el último alfiler,
para sostener nuestro último hilo de amor?
¿Qué haré?
El caos ha sido la paz.
Los lazos de sangre han sido arrebatados
de naciones caóticas,
y a quien hoy fue mundo
lo hemos perdido.
Pocos son los revolucionarios
que aún buscan el retorno a la humanidad:
tus besos,
tu calor.
Y morimos de frío,
pues tu cuerpo era quien hacía brotar
el calor de la tierra.
Tenerte era saber quién eras,
y para qué eras.
Y perderte
fue descubrir
que nunca supe cómo vivir
sin aquello que jamás pude besar.