Llevábamos un tiempo conociéndonos y saliendo juntas.
Nos gustábamos muchísimo.
El problema era que yo esperaba que Laura diera el primer paso.
Y Laura, según descubrí después,
esperaba exactamente lo mismo de mí.
Éramos dos chicas enamoradas en lados opuestos de una misma puerta,
esperando que la otra abriera primero.
Una tarde la invité a mi casa a ver una peli.
Pero no cualquier peli: era \"Retrato de una mujer en llamas\".
Pensé que un film romántico
sobre dos mujeres enamorándose
podría ayudarnos a resolver esta situación.
Nos sentamos juntas en el sofá.
Y durante los primeros minutos
fingimos prestar muchísima atención a la pantalla.
Yo pensaba:
\"Quizá ahora Laura se acerque\"
Laura probablemente pensaba:
\"Quizá ahora Silvia se acerque\"
Pasaron 30 minutos
y seguíamos sentadas una al lado de la otra
como dos personas esperando que el sofá tomara la iniciativa.
En algún momento nuestras manos se rozaron.
Las dos retiramos la mano.
Unos minutos después volvieron a rozarse.
Esta vez ninguna la retiró.
Yo sentí que el corazón me golpeaba el pecho.
Miré a Laura; ella me miró.
Nos quedamos así unos segundos.
Y entonces pensé:
\"Si no lo hago ahora, voy a terminar viendo toda la película
junto con los créditos\"
Me acerqué. Laura también.
Y finalmente nos besamos.
Fue un beso dulce, suave y transportador.
Cuando nos separamos, nos quedamos mirándonos
como si acabáramos de completar un trámite importante
y estuviéramos esperando la confirmación.