Juan Iscar
Al cedro de San Juan de la Cruz
Rodéale un viento suave
de laureles perfumado.
Los sentidos del poeta
son por la Gracia tocados.
Recostándose en el cedro,
anhela vivir colmado
por la llama de amor viva
que de amor le ha inflamado.
Las virtudes teologales
del camino han arrojado
imaginarias pasiones
que el ego torpe ha sembrado.
Hacia el jardín interior
Juan de la Cruz ha mirado.
De jacintos y azucenas
dulces esencias brotaron;
sus delicadas fragancias
al alma noble ganaron.
Del vergel en su espesura
un árbol de amor ha brotado
con un exquisito fruto
en pan y vino mudado.
Con las ramas extendidas
a Juan y al mundo ha llamado
para mostrarles el gozo
de ser por Él abrazados
transmitiendo la emoción
del cordero traspasado
de dolor y soledad.
Lo oscuro se ha sepultado
con la presencia del Sol.
En este lugar, ha quedado
un gran remanso de paz
recuerdo de aquel regalo.