Tú, que sin ser azul, te llamo mi cielo,
tú, que sin ser fuego, me enciendes la piel;
tú, que sin ser imsonio, me robas el sueño,
y sin ser destino, te encuentro en él.
Tú, que sin ser luna, alumbras mis noches,
tú, que sin ser viento, me haces suspirar;
tú, que sin ser música, llenas mis silencios,
y sin ser sendero, me haces caminar.
Tú, que sin ser lluvia, refrescas mi alma,
tú, que sin ser puerto, me invitas a volver;
tú, que sin ser calma, aquietas mis mares,
y sin ser milagro, me haces renacer.
Tú, que sin ser tiempo, detienes mis horas,
tú, que sin estar cerca, te siento junto a mí;
tú, que sin ser verso, inspiras mis palabras,
y sin ser poema, te escribo aquí.
Tú, que sin ser mío, te guardo en mi pecho,
sin pedirle al mundo permiso para amar;
porque hay sentimientos que nacen en silencio
y, aun sin tener nombre, no dejan de estar.
Y si algún día me preguntas
qué eres para mí,
quizá calle unos instantes,
porque hay cosas tan profundas
que no se saben decir.
Solo sé que, sin ser mío,
te he aprendido a querer;
y sin pedirle nada al tiempo,
te has vuelto mi más bonito “tal vez”.
B&: Zuleyma Arroyo