Salvador Santoyo Sánchez

ALUCINANTE...

Escuché llorar las nubes

Incesantes en la noche

Los truenos, los relámpagos

Reflectores en  mi cuarto.

 

Ya después de la tormenta

Afloró la tierna calma;

Sin prisa abrí mi ventana…

Y sus ojos la mañana.

 

Árbol enfundado en lluvia.

Pendían de sus hojas

Muchos racimos de perlas

Todas, con un sol interior.

 

Era el árbol un fulgor

Como aura celestial

Que avivaba el paisaje

Y también mi interior

 

Sonriendo, el sol me miró,

Dándome una palmadita.

¡Mira como me reflejo!

Cada gota es universo

y en cada una, un sol.

 

Salvador Santoyo Sánchez

10/09/2026