Escuché llorar las nubes
Incesantes en la noche
Los truenos, los relámpagos
Reflectores en mi cuarto.
Ya después de la tormenta
Afloró la tierna calma;
Sin prisa abrí mi ventana…
Y sus ojos la mañana.
Árbol enfundado en lluvia.
Pendían de sus hojas
Muchos racimos de perlas
Todas, con un sol interior.
Era el árbol un fulgor
Como aura celestial
Que avivaba el paisaje
Y también mi interior
Sonriendo, el sol me miró,
Dándome una palmadita.
¡Mira como me reflejo!
Cada gota es universo
y en cada una, un sol.
Salvador Santoyo Sánchez
10/09/2026