Y aprendí de ti,
que siempre llegará quien te enseñe
el valor de las primeras veces.
Que existen miradas y abrazos cálidos
en un mundo lleno de desamor.
Que quizás, en mi último intento,
no llegue a equivocarme.
Que simplemente con tu existencia en mí,
la vida por fin encontró sentido.
Que mis palabras y mis sueños
tienen tu rostro,
y que tardé casi media vida
en conocerlo.
Que quizás entiendo por qué soñaba
con un amor que no conocía;
de alguna manera,
todo aquello esperaba por ti.
Que tú existías en alguna parte de mis sueños
antes de que yo supiera quién eras.
Y cuando llegaste,
mi alma supo que eres tú
sin haberte conocido antes.
Y si alguna vez me preguntan
cuánto tardé en encontrarte,
diré que casi media vida.
Pero si me preguntan
cuánto tiempo llevaba soñándote,
quizás tenga que admitir
que mucho más.