Miro la senda que ante mí se extiende,
trazada por una invisible mano,
que el alma humana apenas comprende.
¿Será que todo movimiento es vano,
y caminamos sobre un plan escrito
que nos empuja por el suelo llano?
El tiempo avanza con su andar bendito,
tejiendo hilos de dolor y gloria,
dejando el rastro de lo ya prescrito.
La suerte marca la fugaz victoria
y el desengaño que en la sombra anida,
dejando un eco que será memoria.
Buscamos huellas en la senda herida,
queriendo hallar el rumbo verdadero
que justifique el paso de la vida.
Al fin doblamos ante el derrotero
que la fortuna rígida decreta,
marcando el norte del audaz viajero.
Ninguno escapa a la señal secreta,
ni burla el peso de su marcha lenta,
pues el destino su balanza asienta
y borra el rastro de la última meta.