Un soplo de aire sale entre los labios,
un silencio antiguo roza el paladar,
la bruma se disipa y resbala por el torso.
La brisa patina moviendo las hojas de los árboles,
ha nacido en las entrañas del silencio
y se vuelve eco entre las ramas.
Un sudor pegajoso
se agarra en cada poro de la piel
bajando hasta los pies.
Un hálito descalzo
camina por la senda que no acaba
y deja una huella.
Muy despacio el aura se escapa
y desliza una caricia por el cuerpo.