Mi corazón este año,
de tanto golpe aprendido,
se encuentra fortalecido
sin pedirle tregua al daño.
No le teme al desengaño
ni a la herida persistente;
si me golpea nuevamente,
y el dolor vuelve a insistir,
no me podrá destruir:
yo soy sismorresistente.
Cuando termina el temblor,
queda el pecho estremecido
por lo mucho que ha vivido,
pero lucha con valor.
Sin embargo, ante el dolor,
luego del sismo con calma,
cada fragmento se empalma;
cuando el silencio ha cesado,
se ve el suelo fracturado
por las réplicas del alma.
“Atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos.”
— 2 Corintios 4:8-9