Sabe más el espinillo
que un libro sin caminar.
El hornero hace su casa
sin un plano que mirar.
Hay verdades del camino
que no se pueden comprar:
las aprende quien madruga
con rocío en el trigal.
No hay campo para el soberbio,
ni cielo para el metal.
La tierra abre sus secretos
al que la sabe escuchar.
Porque el mundo no se mira
solamente al caminar:
hay que llevar en el pecho
unos ojos de sembrar.
Emiliodr/Sept 10/26